miércoles, 24 de julio de 2013

La innovación desde la perspectiva de Antonio J Valenzuela

La innovación, a pesar de lo que pudiéramos llegar a pensar, y en una idea de apuesta clara por las personas, no tiene que ver con la tecnología ni los procesos.
Su relación puede ser entendida en el entorno de una apuesta clara por esas personas, y en el intento de superar el viejo concepto de empresas “SA” (Sin Alma) a favor de una nueva concepción más humanista y de valor añadido colectivo, donde la inteligencia grupal pueda ser mesurable a través de la suma de talento y a partir del gran reto que pueda suponer un “cambio de todos”.

En este sentido, el sector sanitario se muestra especialmente susceptible, ya que hay que acometer mejoras sin incrementar el gasto en esa oportunidad en que se puede convertir cualquier “tiempo de crisis”.
Sea como sea, todo este planteamiento de transformación está supeditado al fracaso en sus dos terceras partes (cuestión cuantificada a todas luces) y por una serie de condicionantes que podemos interpretar como esa “Resistencia Organizativa” que insiste y se abona a esa actitud de no tener en cuenta a las personas que integran y forman parte de su estructura, constatándose esa idea de que estas empresas y organizaciones son y se hacen resistentes a ese cambio que se vislumbra necesario incluso, sino siempre, para la propia supervivencia de las mismas.
¿Se podría, una vez aventurados en el intento, y asumido ese cambio actitudinal y organizacional, plantear cuáles serían las fases por las que hay que adentrarse en esa metamorfosis orientada a resultados?:
El Proceso debería iniciarse en el intento por “Gestionar Emociones”, y como mayor hándicap y objetivo principal de la figura del líder. Que debería marcarse el horizonte de creación de emociones positivas y la reflexión personal en cada uno de los agentes de ¿Por qué tengo yo que cambiar?, apoyando a la vez asertivamente aspectos a superar como el miedo, las dificultades que se puedan presentar y un aspecto a tener en cuenta como es el del “Autoengaño Organizativo”, poniendo en valor la idea y afirmación de que la Comunicación es un aspecto fundamental a manejar en toda esta dinámica iniciada en el individuo para anidar y crecer por ende en el grupo.
En definitiva, se trata de “matar a la bestia” pasando por tres etapas:
-1) Reconocimiento y toma de conciencia de que existe una “crisis”, que está salpicada de insatisfacción y por lo tanto existe la necesidad de cambio.
-2) Introducción y proyección de emociones positivas a partir de este conocimiento y de una “Idea de Futuro”, como Visión de la Organización.
-3) Planteamiento de una línea estratégica que concrete las acciones a llevar a cabo, y partiendo en esta fase de la idea de que sabemos a dónde vamos y cómo llegar al sitio.
Podríamos hablar de una cuarta fase en la que la presentación de primeros resultados introduciría el incentivo de que “las cosas están saliendo”, intentando provocar con ello una disminución de esa resistencia previsible y definida y entendiendo todo como un potencial pilotaje de esa puesta en marcha de lo que podemos consensuar conceptualizar como “Estrategia de Comunicación”, plan en conjunto donde lo importante debe ser la planificación de sus etapas y como para conseguir compromiso. Sin obviar que todo este proceso atiende y responde a una idea de “modular a través de la escucha”, entendiendo esta como otro componente fundamental de ese Proceso Comunicativo para el cambio.

En este sentido cabe referir  y ponderar cuál pueda ser el impacto de las tecnologías, ahora si entendidas como herramientas al servicio de esta dinámica comunicativa, y en concreto de las tecnologías 2.0 en estos procesos del entorno de los RRHH:
  • Innovación y cambios culturales. 9´0.
  • Comunicación y colaboración .9´0.
  • Formación: Gestión del conocimiento  8´7.
  • Selección 8´6.
  • Clima y motivación 7´8.
  • Desarrollo y desempeño 7`1.
  • -Relaciones laborales .6´7.

La cuantificación de estas cuestiones nos lleva a plantearnos una idea de “Nuevas Organizaciones 2.0, en las que habrá que tener claro que ese cambio aludido, no puede convertirse en algo tan agudo e impactante que provoque la estampida colectiva ni el anquilosamiento del ideario de forma que cualquiera, invitado a navegar en esta transformación, se escape, huya o muera en el intento, por apatía, desidia o falta de valoración de su propia individualidad con potencial de suma al global y como recompensa motivadora a su participación: Gran riesgo que no habrá que ningunear en todo caso.


 -“De las ideas compartidas por Virginio Gallardo en la sesión virtual del día 18 de Julio de 2013 para el Curso de Dirección de la Comunicación de la EASP”.

-Antonio J. Valenzuela-.

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